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Empezar a leer a Lorca cuando nunca lo has leído

septiembre 20, 2026
Empezar a leer a Lorca cuando nunca lo has leído

Hay un nombre que llevas oyendo toda la vida. Lo estudiaste mal en el instituto, lo has visto en la fachada de un teatro, en el nombre de una calle, en un parque. Y sin embargo no has leído nunca a Lorca por tu cuenta, con calma, en tu casa, a la hora que tú eliges.

Se puede empezar hoy. Y se puede empezar por donde tú quieras, que es lo primero que conviene saber.

La puerta más fácil: el Romancero gitano

Lo escribió en la Huerta de San Vicente, la casa donde su familia veraneaba en Granada, y se publicó en 1928.

Si nunca has leído poesía, empieza aquí, y con una condición: léelo en voz alta. Aunque estés sola. Estos poemas están hechos de sonido, y sobre la página se quedan a medias.

Verás que algunas imágenes no las entiendes. Déjalas pasar. Lo que hace Lorca es parecido a lo que hace una canción en otro idioma que te gusta antes de saber qué dice.

La que duele: Poeta en Nueva York

Llegó a Nueva York en 1929, con el ánimo hecho trizas, y se encontró una ciudad en el año del crac. Lo que escribió allí no se parece a nada de lo anterior.

Es más difícil y es más oscuro. No lo cojas el primer día. Guárdalo para cuando ya le tengas cogido el tono, o para un día en que quieras leer algo que no te consuele.

La que se escucha mejor que se lee: el teatro

Bodas de sangre, Yerma, La casa de Bernarda Alba. Están escritas para decirse en alto, con alguien delante.

Un consejo que cambia mucho la experiencia: busca una versión grabada y escúchala mientras sigues el texto. Lo que en la página parece antiguo, dicho por una voz se vuelve inmediato.

La que casi nadie conoce: las cartas

Esta es la entrada que yo le daría a alguien que dice que la poesía no es para él.

En las cartas está el Lorca de andar por casa: el que pide dinero a su padre, el que se queja del calor, el que cuenta a un amigo lo que está escribiendo. Y en una de esas cartas, la que le escribió a Cipriano Rivas Cherif, está lo único que sabemos de una novela que dejó en cuatro páginas.

Iba a llamarse La bola negra. Un chico intenta entrar en el casino de Granada, los socios votan con bolas blancas y negras, y a él le sale la negra. Cuando su padre le pregunta por qué, contesta que porque es homosexual.

Esas cuatro páginas son de 1936. No llegó a escribir más.

Cómo leerlo, que importa más que el orden

Poco. Un poema o dos, no veinte. La poesía se estropea si se lee como se lee una novela.

En voz alta, ya lo he dicho, y va en serio.

Y sin buscar el significado. Un poema puede gustarte entero sin que sepas explicar por qué, igual que una canción. Si luego quieres saber más, lo miras. Pero primero déjalo pasar por encima.

Cuando cierres el libro, si algo se te ha quedado —una imagen, un verso suelto, una palabra en un sitio raro—, ya está. Eso es leer a Lorca. No hay más examen.