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La frase de Julio Iglesias: el tiempo y la salud no se pueden comprar, ni siquiera cuando puedes comprarlo casi todo

octubre 10, 2026

Esa frase de Julio Iglesias, el tiempo y la salud no se pueden comprar, suena distinta de noche, con la casa en silencio y el móvil boca abajo sobre la mesilla. De día pasa como pasan los vídeos cortos, entre una receta y un gol. De noche se queda un rato.

Te la cuento como se dijo, porque las frases viajan y por el camino se pulen.

Lo que dijo exactamente

Fue en octubre de 2015, en el preestreno de una temporada de Salvados, en laSexta. Jordi Évole le preguntaba por la riqueza y él, sin rodeos, respondía: «Mírame la cara, soy rico». Hablaron de impuestos, de residencias y de ministros. Y en medio de todo eso, casi de pasada, el cantante dijo algo que no tenía nada que ver con la economía.

Contó que se sentía un privilegiado porque había aprendido que todo lo que más le gusta lo puede comprar. «Porque el no poder comprar lo que te gusta te hace ser pobre todos los días», dijo. Évole, que sabe cuándo callar y cuándo empujar, le preguntó qué era eso que le gustaba y no podía comprar.

«El tiempo, por ejemplo». Y luego, despacio: la piel, la salud.

El fragmento ha vuelto a circular en un vídeo corto de YouTube y lo han visto millones de personas. Casi nadie lo comparte por lo que dijo de los impuestos.

Frase de Julio Iglesias: el tiempo y la salud no se pueden comprar

Lo curioso es quién lo dice. Lo dice alguien que, según la revista Forbes, figuraba en 2025 entre las cien mayores fortunas de España. Alguien que puede pagar casi cualquier cosa que tenga precio. Y aun así, cuando le preguntan por lo que echa en falta, no nombra nada que se pueda envolver.

La piel es la palabra que más se queda. Es la más física de las tres. El tiempo es abstracto y la salud es una palabra de consulta médica, pero la piel se toca. Es el dorso de la mano que un día te parece el de tu padre. Es la marca del reloj en la muñeca después del verano.

El tiempo, que se escapa por los bordes

Hace casi dos mil años, Séneca le escribió a un tal Paulino una carta larga que conocemos como Sobre la brevedad de la vida. Su idea central es sencilla y un poco incómoda: la vida es suficientemente larga para quien sabe usarla, y la mayoría la gastamos en cosas que no hemos elegido. Lo escribió un hombre rico, además, consejero de un emperador. También él sabía que el dinero compra muchas horas de otros y ninguna propia.

Piensa en tu última tarde sin nada que hacer. No la tarde libre que llenaste de recados, sino la otra, la que se estiró sola mientras se enfriaba el té. Seguramente no te costó nada. Seguramente no puedes comprar otra igual.

La salud, que se nota cuando falta

Con la salud pasa algo parecido a lo que pasa con el silencio: solo la oyes cuando se rompe. Hay un estudio de la Universidad de Harvard que sigue a varias generaciones desde 1938, el Harvard Study of Adult Development, y una de sus conclusiones más citadas es que la calidad de nuestras relaciones predice mejor una vejez sana que el dinero o la fama. Quizá por eso la salud no está en los escaparates. Se construye en sitios poco vistosos: una cena larga, un paseo con alguien, una noche entera de sueño.

Lo que se puede hacer con lo que no se compra

No hace falta convertir la frase en un programa de vida. Basta con dejarla actuar un poco:

  • Guardar una hora de la semana que no tenga dueño. Ni productiva ni útil.
  • Mirar el cuerpo con algo más de cuidado y algo menos de juicio: dormir, caminar, beber agua, ir al médico cuando toca.
  • Elegir a quién le das las tardes. Es la moneda más cara que tienes.

El vídeo dura un minuto. Lo que dice cabe en tres palabras. Y vuelve, como vuelven estas cosas, cuando apagas la luz y el reloj de la muñeca sigue marcando, despacio, en la oscuridad.