
Hay una sensación que casi todo el mundo ha tenido y para la que, hasta hace poco, no había palabra en ninguna lengua.
Ves una fotografía antigua de una piscina de hotel, con una palmera y un coche aparcado, y sientes que echas de menos aquella tarde. Y no estuviste. No habías nacido. No es tu país.
La palabra

Se llama anemoia, y suena a griego antiguo. No lo es.
La inventó un escritor llamado John Koenig en 2012, dentro de un proyecto suyo dedicado precisamente a eso: poner nombre a emociones que existen y no lo tienen. La construyó con la palabra griega para viento, ánemos, y la terminación de «paranoia».
Me gusta saberlo, y creo que mejora la palabra en lugar de estropearla. Alguien se dio cuenta de que a todos nos pasaba lo mismo, vio que no había manera de nombrarlo, y se sentó a fabricar el nombre que faltaba.
Dónde se nota más
Hay un pintor japonés, Hiroshi Nagai, que lleva desde los años setenta pintando exactamente eso. Piscinas quietas, palmeras, cielos sin nubes, hoteles bajos, luz de media tarde.
Sus cuadros parecen California o Hawái, y no son ninguno de los dos. Él los construye juntando trozos de fotografías, postales y folletos, y monta con ellos lugares que no existen.
Y hay un detalle en sus cuadros que lo explica todo: no aparece nadie. Ni una persona. Lo dice él mismo: en cuanto metes a alguien, la imagen empieza a contar la historia de esa persona. Vacía, la historia puede ser la tuya.
Lo que creo que estamos echando de menos
No un sitio.
Lo que devuelven esas imágenes es una manera de estar: una tarde larga, sin que suene nada, sin nadie esperando una respuesta, con el día entero por delante y nada urgente dentro.
Eso sí lo hemos tenido casi todos, aunque fuera de pequeños y aunque no fuera junto a una piscina azul. Por eso la sensación es de recuerdo y no de deseo.
Una cosa que puedes probar
La próxima vez que te pase, en lugar de guardar la imagen, párate un momento y pregúntate qué es exactamente lo que estás echando de menos de ahí dentro.
Casi siempre es algo pequeño y perfectamente posible: no tener prisa, no tener el teléfono encima, que haga buena luz, estar en un sitio en silencio.
Y casi siempre está más cerca de lo que parece cuando lo miras en forma de postal.