
Un jueves de abril, a las nueve y media de la mañana, Piazzale Roma huele a café quemado y a agua parada. Bajan los autobuses de Mestre, se abren las puertas y sale una marea con mochilas pequeñas y zapatillas blancas. Casi nadie mira los carteles. Todos miran el móvil: buscan el código QR que compraron la noche anterior por cinco euros y que les permite pisar la ciudad durante el día.
Ahí empezó todo esto. En abril de 2024, Venecia se convirtió en la primera ciudad del mundo que cobró por entrar. No por dormir: por entrar y marcharse el mismo día.
El experimento del torno
La prueba duró veintinueve jornadas sueltas, las de más avalancha, entre abril y julio. Cinco euros por cabeza para quien llegara sin reserva de hotel. Se recaudaron cerca de dos millones y medio de euros y hubo controladores con chalecos pidiendo el código en los accesos, como revisores de un tren enorme y mojado.
El detalle que se comentó menos: en varias de aquellas jornadas entró más gente que en las mismas fechas del año anterior. El propio concejal de Turismo lo dijo casi con alivio, porque nunca había prometido vaciar la ciudad, sino ordenarla y saber cuánta gente pasaba por el puente.
En 2025 el sistema se amplió a cincuenta y cuatro días y se le añadió un matiz: cinco euros si reservas con más de cuatro días de antelación, diez si te decides la víspera. Un peaje que premia al que planifica.
Lo que se paga hoy, ciudad por ciudad
Fuera de Venecia, lo habitual no es cobrar por entrar sino por dormir. Y ahí las cifras llevan tres años subiendo en silencio, dentro de la factura del hotel, en una línea que casi nadie lee.
| Destino | Qué se paga | Desde cuándo |
|---|---|---|
| Venecia | 5 € por entrar en días señalados (10 € de última hora), aparte del impuesto de pernoctación | Piloto en 2024, ampliado en 2025 |
| Barcelona | Recargo municipal de 4 € por persona y noche, sumado al impuesto catalán | Octubre de 2024 |
| Baleares | Impuesto de turismo sostenible: de 0,25 a 4 € por persona y noche según categoría y temporada | 2016 |
| Ámsterdam | 12,5 % del precio de la habitación, la tasa hotelera más alta de Europa | Enero de 2024 |
| Grecia | Tasa de resiliencia climática: hasta 10 € por noche en los meses de más calor | 2024 |
En Barcelona, un hotel de cinco estrellas se acerca ya a los siete euros y medio por persona y noche entre el recargo del ayuntamiento y el impuesto de la Generalitat. Cuatro noches para dos personas: sesenta euros que no aparecían en el precio que viste al reservar.
Grecia sumó en julio de 2025 un peaje a los cruceristas: veinte euros por persona al desembarcar en Santorini o Míconos en temporada alta, cinco en el resto de los puertos. Ámsterdam cobra desde hace tiempo a quien llega por mar, con una tarifa que ronda los catorce euros.
Adónde va ese dinero
Aquí es donde la historia se pone interesante, porque el destino de la recaudación explica bastante bien para qué sirve de verdad cada tasa.
Baleares es el caso más rastreable. Su impuesto de turismo sostenible mueve alrededor de cien millones de euros al año y va a un fondo que financia proyectos concretos: recuperación de caminos, compra de fincas, depuradoras, rehabilitación de patrimonio. Se vota qué se hace con él y se publica la lista.
Barcelona anunció que buena parte de su recargo iría a acondicionar los patios y las aulas de los colegios públicos, que en julio se convierten en hornos. Grecia creó la suya justo después de los incendios y las inundaciones de 2023, para pagar la reconstrucción de lo que arde y lo que se anega.
Son destinos razonables. También son, mires como los mires, presupuesto ordinario financiado por quien viene de fuera y no vota.
Por qué cinco euros no cambian el plan de nadie
Piensa en lo que cuesta tu último viaje. El vuelo, tres noches, las comidas, las entradas, el taxi del aeropuerto. Ahora suma cinco euros. O veinte. Sobre una escapada de seiscientos, es el margen que se te va en un café sentado en una terraza con vistas.
Eso es exactamente lo que dicen los estudios sobre la sensibilidad de la demanda turística al precio en destinos muy consolidados: la gente que ya ha decidido ir a Venecia va a Venecia. La tasa se diluye en un presupuesto que asumió mucho antes gastos mucho mayores. Funciona como caja, y como censo de quién pasa por dónde. Como semáforo, casi nada.
Quien deja de ir por cuatro euros la noche no suele ser el visitante que satura una ciudad, sino el que dormía en la pensión barata del barrio de al lado.
Las medidas que sí se notan en la calle
Y sin embargo hay decisiones que se ven a simple vista, y ninguna es un recibo.
- Venecia prohibió en 2021 la entrada de los grandes cruceros a la laguna y los desvió al puerto industrial de Marghera. Los muros de doce pisos dejaron de pasar por delante de San Marcos de un mes para otro.
- Ámsterdam puso un techo a las pernoctaciones anuales de la ciudad, cerró la puerta a hoteles nuevos y decidió reducir a la mitad las escalas de crucero, con la terminal condenada a cerrar en la próxima década.
- Barcelona anunció el fin de las más de diez mil licencias de piso turístico en 2028. Es la medida que devuelve vivienda al vecindario, y por eso es también la más litigada.
- Venecia limitó además los grupos guiados a veinticinco personas y prohibió los altavoces. Los calli estrechos respiran distinto.
Todas tienen algo en común: no piden dinero, quitan plazas. Cupos, licencias, atraques. Aritmética, no precio.
Si vuelves a Piazzale Roma un jueves de abril, pagarás tus cinco euros sin pestañear, como quien compra el billete del vaporetto, y encontrarás el puente de los Descalzos igual de lleno que siempre. Lo que decide de verdad cuánta gente cabe en esa ciudad se firmó meses antes, en un pleno municipal, y no llevaba tu nombre ni tu tarjeta.