El cuerpo humano es uno de los focos de expresión, simbolismo, carácter, y visión en el arte; pasando por la pintura y la escultura en los inicios de la civilización, donde claramente el desnudo desarrollaba un nexo entre el ideal de lo establecido, tanto como la correspondencia de la identidad humana.
En poesía el valor -de un mismo elemento- siempre es discordante entre artistas pero igualmente ha existido la propuesta del cuerpo humano en relación al universo poético. En el caso del teatro, la narrativa, y el cine, el desnudo ha adquirido más que todo perfomances de puente entre concepciones más que de una propia individualidad expresiva, sobre todo en la narrativa, seguida por el cine, y bastante más alejado el teatro puesto que su vínculo artístico tiene mayor flexibilidad para asociarse con una poética. La danza en sus orígenes no ofrecía el desnudo como una propuesta relevante con respecto al movil de su acto, puesto que para ella la expresión se halla ligada al desenvolvimiento del cuerpo para desarrollarse así mismo como universo, solo o respondiendo a la interacción con otros. En el caso de la pintura, el dibujo, y la escultura, podemos apreciar siempre un desarrollo propio y alimentado con poética, carácter artístico y humano. El planteamiento de la fotografía es sin lugar a dudas el más sugerido en el tema en los últimos años, pero igualmente nos podemos percatar de la presencia de una degeneratriz con respecto a su propuesta, invadida por la excedente plástica acumulada, y no sólo nutrida por lo superficial de los tiempos modernos, sino que existe una estética fraudulenta en la propuesta que repercute en una mirada frívola y carente de alimentación.
Uno de los principales enemigos del arte del desnudo ha sido siempre que se halla en medio de diversos los tabúes, incluso entre las concepciones estéticas de lo bello y lo no-bello; las representaciones del desnudo en cerámica, escultura y pintura en los origines de la civilización eran asimilados puesto que la relación que se tenía con ellas era natural, funcional, necesaria, e identificable; inclusive en el aspecto meramente erótico. A lo largo del desarrollo de la civilización humana, estos valores tangibles se fueron sometiendo ante otros valores más abstractos y por supuesto nada tangibles, donde -por ejemplo- se reprime el desnudo y sobre dimensiona el pudor. Ahora, el pudor no es innecesario, ni idenfica nada despreciable, solo es una reacción ante lo propio, por lo tanto es algo natural. El valor agregado del pudor lo desidentifica del uno, para hacerlo masivo y absoluto, por tanto el existir supresión y negación ante todo lo que le excite se volvió imperioso ante aquellos nuevos valores.
En la actualidad, donde se pregonan liberaciones y deshinbiciones, no se ha recabado en la identificación plena del desnudo, más bien el placer, lo genital, y lo erótico se halla deshumanizado, por sobre todo carece de espíritu alguno, simplemente se ha ido en pos de reacciones contra los antiguos abstractos sobredimensionados, o sea se han creado abstracciones simultáneas y mayores que abandonan los parámetros ligados a la moderación por otros parámetros limitados a la carencia de voluntad, es a esto lo que denominamos libertad en nuestra época. Pero la propuesta que deberíamos rescatar es la que se halla en el verdadero arte y mensaje humano que se nos ofrece por medio del desnudo, y esto es que el cuerpo es lo mismo que el alma, aquello es lo que definitivamente rescata el arte en sus mejores exponentes, al mismo tiempo es una fuente de diversos pensamientos que espero desarrollar en este espacio.

Texto extraído de
Phantom Forest